Tus edificios viejos, con sus ventanitas pequeñas, seriadas, algunas iluminadas otras no; con balcones o sin ellos.
Tus peculiares vendedores ambulantes, y sus canticos particulares que siempre me sacan una sonrisa.
Tus colectivos rojizos y pequeñitos, con sus carteles luminosos; los grandotes todos pintados igual y los taxis que me despeinan al pasar, que me hacen correr y hasta putear.
Tus viaductos; tus plazas verdes, grandes y chiquitas; los carritos de cachorros quentes, el olor a churrasquiño, y los churros rellenos. Los xis, los pasteles y salgados.
Los refris, el café. El arroz con feijão.
El sol del mediodía, la lluvia, la luna, el viento y las lucecitas que dibujan morros.
Tus subidas, tus bajadas y tus calles llenas de escadas.
La erva, el mati, el guaiba y la redenção. Los amigos, la guitarra...tus milongas y tus gaúchos.
Tu sutaqui y tus girias.
Son mi presente. Mi inimaginable presente.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario