jueves, 30 de octubre de 2008

Tres portugueses bajo un paraguas (sin contar el muerto)

1

El primer portugués era alto y flaco.
El segundo portugués era bajo y gordo.
El tercer portugués era mediano.
El cuarto portugués estaba muerto.
2
- ¿Quién fue?- preguntó el comisario Jiménez.
- Yo no - dijo el primer portugués.
- Yo tampoco - dijo el segundo portugués.
- Yo menos - dijo el tercer portugués.
3
Daniel Hernández puso los cuatro sombreros sobre el escritorio.
El sombrero del primer portugués estaba mojado adelante.
El sombrero del segundo portugués estaba seco en el medio.
El sombrero del tercer portugués estaba mojado adelante.
El sombrero del cuarto portugués estaba todo mojado.
4
- ¿Qué hacían en esa esquina? - preguntó el comisario Jiménez.
- Esperábamos un taxi - dijo el primer portugués.
- Llovía muchísimo - dijo el segundo portugués.
- ¡Cómo llovía! - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués dormía la muerte dentro de su grueso sobretodo.
5
- ¿Quién vio lo que pasó? - preguntó Daniel Hernández.
- Yo miraba hacia el norte - dijo el primer portugués.
- Yo miraba hacia el este - dijo el segundo portugués.
- Yo miraba hacia el sur - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués estaba muerto. Murió mirando hacia el oeste.
6
- ¿Quién tenía el paraguas? - preguntó el comisario Jiménez.
- Yo tampoco - dijo el primer portugués.
- Yo soy bajo y gordo - dijo el segundo portugués.
- El paraguas era chico - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués no dijo nada. Tenía una bala en la nuca.
7
- ¿Quién oyó el tiro? - preguntó Daniel Hernández.
- Yo soy corto de vista - dijo el primer portugués.
- La noche era oscura - dijo el segundo portugués.
- Tronaba y tronaba - dijo el tercer portugués.
El cuarto portugués estaba borracho de muerte.
8
- ¿Cuándo vieron al muerto? - preguntó el comisario Jiménez.
- Cuando acabó de llover - dijo el primer portugués.
- Cuando acabó de tronar - dijo el segundo portugués.
- Cuando acabó de morir - dijo el tercer portugués.
Cuando acabó de morir.
9
- ¿Qué hicieron entonces? - preguntó Daniel Hernández.
- Yo me saqué el sombrero - dijo el primer portugués.
- Yo me descubrí - dijo el segundo portugués.
- Mis homenajes al muerto - dijo el tercer portugués.
Los cuatro sombreros sobre la mesa.
10
- Entonces, ¿qué hicieron? - preguntó el comisario Jiménez.
- Uno maldijo la suerte - dijo el primer portugués.
- Uno cerró el paraguas - dijo el segundo portugués.
- Uno nos trajo corriendo - dijo el tercer portugués.
El muerto estaba muerto.
11
- Usted lo mató - dijo Daniel Hernández.
- ¿Yo, señor? - preguntó el primer portugués.
- No, señor - dijo Daniel Hernández.
- ¿Yo, señor? - preguntó el segundo portugués.
- Sí, señor - dijo Daniel Hernández.
12
- Uno mató, uno murió, los otros dos no vieron nada - dijo Daniel Hernández. - Uno miraba al norte, otro al este, otro al sur, el muerto al oeste. Habían convenido en vigilar cada uno una bocacalle distinta, para tener más posibilidades de descubrir un taxímetro en una noche tormentosa.
"El paraguas era chico y ustedes eran cuatro. Mientras esperaban, la lluvia les mojó la parte delantera del sombrero.
"El que miraba al norte y el que miraba al sur no tenían que darse vuelta para matar al que miraba al oeste. Les bastaba mover el brazo izquierdo o derecho a un costado. EL que miraba al este, en cambio, tenía que darse vuelta del todo, porque estaba de espaldas a la víctima. Pero al darse vuelta se le mojó la parte de atrás del sombrero. Su sombrero está seco en el medio; es decir, mojado adelante y atrás. Los otros dos sombreros se mojaron solamente adelante, porque cuando sus dueños se dieron vuelta para mirar el cadáver, había dejado de llover. Y el sombrero del muerto se mojó por completo por el pavimento húmedo.
"El asesino utilizó un arma de muy reducido calibre, un matagatos de esos con que juegan los chicos o que llevan algunas mujeres en sus carteras. La detonación se confundió con los truenos (esta noche hubo tormenta eléctrica particularmente intensa). Pero el segundo portugués tuvo que localizar en la oscuridad el único punto realmente vulnerable a un arma tan pequeña: la nuca de su víctima, entre el grueso sobretodo y el engañoso sombrero. En esos pocos segundos, el fuerte chaparrón le empapó la perte posterior del sombrero. El suyo es el único que presenta esa particularidad. Por lo tanto es el culpable."

El primero portugués se fue a su casa.
Al segundo no lo dejaron.
El tercero se llevó el paraguas.
El cuarto portugués estaba muerto. Muerto.


Rodolfo Walsh "Cuentos para tahúres y otros relatos policiales"

lunes, 27 de octubre de 2008

Continuidad de los parques

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restallaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.
Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano. la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.


De "Final de juego" Julio Cortázar 1956, Ed. Alfaguara(1996).
.

jueves, 23 de octubre de 2008

Percepciones alegrenses

Tus edificios viejos, con sus ventanitas pequeñas, seriadas, algunas iluminadas otras no; con balcones o sin ellos.
Tus peculiares vendedores ambulantes, y sus canticos particulares que siempre me sacan una sonrisa.
Tus colectivos rojizos y pequeñitos, con sus carteles luminosos; los grandotes todos pintados igual y los taxis que me despeinan al pasar, que me hacen correr y hasta putear.
Tus viaductos; tus plazas verdes, grandes y chiquitas; los carritos de cachorros quentes, el olor a churrasquiño, y los churros rellenos. Los xis, los pasteles y salgados.
Los refris, el café. El arroz con feijão.
El sol del mediodía, la lluvia, la luna, el viento y las lucecitas que dibujan morros.
Tus subidas, tus bajadas y tus calles llenas de escadas.
La erva, el mati, el guaiba y la redenção. Los amigos, la guitarra...tus milongas y tus gaúchos.
Tu sutaqui y tus girias.
Son mi presente. Mi inimaginable presente.

viernes, 17 de octubre de 2008

Ya dejé de contar

Tic, tac, tic, tac,
pienso.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac,
pienso,
tic, tac, tic, tac, tic, tac,
respiro.

Tic, tic, tac, tic, tac, tic, tac,
se humedecen;
tic, tac, tic, tic, tac,
se agrandan.

Tic, tac, tic, tac,
me aprieta;
tic, tac, tic,
me duele.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac,tic tic, tac,
cae...
una...dos...
caen...
diez...
ya dejé de contar.
Es un mar.

miércoles, 15 de octubre de 2008

O que que isso??

Todo el dia fique pensando, pero ainda no me decido. No se si falar con ele o dejarlo ya todo asi.
Tampoco sé o que quiero falar. Solo se que pienso, pienso y pienso. Y que es raro. Super esquisito.
Que me duele la barriga.
Que no quiero mais feijão. Que soy vueltera como trompo i' cuerda. Que me hago shishí de tanto machi.
Que quiero saber tocar o vialão, pa cantar las veces que quiera lo que se me cante.
Que no tengo pañuelo y lo que más tengo son mocos.
E incertidumbre. Y sueños.

Linha de pensamento

Eles não irão ao teatro para acreditar a vida mesma, eles irão a um espaço da vida para acreditar no teatro, no teatro vivo, nessa ficção que é preparada durante meses só para divertir a esse espectador. Espetador que se prepara durante um dia, planeja, combina com amigos, se arruma para assistir à peça, para compartir esse momento magico com pessoas desconhecidas, ou não; que montarão para ele uma ficção, que ele sabe que é assim, mas que igual acreditará. E que logo julgará da maneira mais cruel; em cinco minutos, enquanto bebe uma ceva.
Acredito, depois estripo.

martes, 14 de octubre de 2008

Agatas, pero tô aquí

Lejos de ti, lejos de ella,
lejos de el, de aquellos,
de ellas y ellos,
de ese, de aquel y de esa.

Lejos de tus manos, tus abrazos,
tus besos, tu mirada,
tus caricias, tu amor...

De la puerta, las llaves,
las piedras, los mosquitos,
las nubes, las hojas que crujían bajo mis pies.

Del olor a tierra mojada,
a llovizna que mojaba mi cara;
lloro.

Lejos, lloro.

Frente a una pantalla vacia...

viernes, 10 de octubre de 2008

Filosofias del RU


Te gusta?
No sé...ma' o meno'.
Pá no desprecia' nomá...es como que quiere tené gusto a algo pero no consigue.
Tan grande y tan al pedo la pobre.

lunes, 6 de octubre de 2008

He aquí un arrojo de total desvergüenza

Solo me agarró un dia. De repente, fue imparable. No se que fue. Ni que pasó. Ni por que aconteció.
Lo decidi creo: o mi cuerpo se decidió antes que me diese cuenta que ya lo habia decidido. Tenia ganas, deseo.
Solo queria llegar y hacerlo. Durante todo ese tiempo pensé. Di vueltas. Segui pensando. Caminaba cada vez mas rápido.
Y la calle era cada vez más empinada. Mi respiración se aceleraba. El aire faltaba. Las piernas me dolían.
Estoy nerviosa, hay veces que lo estoy. Generalmente cuando me decido a hacer algo que no se si debo.
Pero soy cobarde.La mayoría de las veces lo soy. Ya dije que estoy nerviosa? Abri la puerta, me senté y solo vomité.